MATRIOSKA 3: HABILIDAD
La Bella Otero se convirtió en uno de los personajes más destacados de la Belle Époque, conocidísima en los círculos artísticos de París, pero también de Europa y América. Fue una luz que brillaba resplandeciente, pero con una cara B trágica: una cicatriz invisible de tal calado que ni el dinero ni la fama pidieron curar nunca.
Se la recuerda como la gran seductora, capaz de enamorar a los hombres más poderosos del momento. Pero nadie menciona que en realidad fue una grandísima actriz, una gran artista, capaz de deslumbrar con su imagen y su forma de actuar.
Si hubiera sido hombre, estaríamos destacando su condición de genialidad y creatividad a la hora de encarnar personajes; y así lo demostró en su genuina forma de representar a la Carmen de Bizet o de su carisma e imaginación en su puesta en escena, en bailar, en moverse y encandilar encima de un escenario.
En realidad fue una mujer señalada, víctima de una violación brutal con solo 10 años que la obligó a salir de su pueblo, repudiada por su madre y sobre vivir a las dificultades de una vida de principios de siglo que la forjó un carácter vivaz, pero dañado por dentro.
Con tan solo 20 años triunfa en París, es fotografiada por los más grandes fotógrafos de la época, convirtiéndola en la primera imagen mundial de la “publicidad” de principio de siglo.
Esta es la vida de la Bella Otero, una mujer lo suficientemente hábil como para sacar el máximo provecho de las circunstancias que le rodearon y de sus propias habilidades. Y merece que la conozcas.

Agustina Carolina del Carmen Otero Iglesias nace en Valga, una aldea de Pontevedra, el 4 de noviembre de 1868.
Hija de madre soltera y muy pobre, apenas tuvo acceso a una educación académica. Fue una niña alegre, carismática, a la que truncaron su niñez de golpe.
Con tan solo 10 años, en la orilla del río Ulla, fue brutalmente violada por el zapatero del pueblo, conocido como el «Conainas», que la dejó totalmente inconsciente. Tal fue la agresión que la trasladaron de inmediato al hospital porque se desangraba y tenía la pelvis rota.
Estigmatizada, marcada, estéril y señalada por el pueblo por esa brutal agresión, acusándola de haber sido una niña demasiado vivaz y provocativa, tuvo que huir de su casa y de su pueblo natal.
En esos años, Carolina, como se hizo llamar en su “nueva vida” para enterrar a la antigua Agustina, deambuló por diferentes lugares y ejerció de lo que pudo y le dejaron, desde trabajar como criada doméstica hasta bailar en locales de la más diversa índole.
Es así como va adquiriendo tablas y aprendiendo a manejarse bien en su interacción artística con el público.

Fueron años de penurias, miserias y desgracias que la hicieron madurar de golpe y afrontar una vida demasiado dura, desenvolviéndose completamente sola.
En uno de los lugares donde recaló, en Barcelona, su golpe de suerte cambia gracias al empresario estadounidense Ernest Jurgens, que ve un filón en ella y le ayuda a promocionarse como bailarina por Francia. Su itinerario por tierras francesas empieza en Marsella.
Es en esta época cuando Carolina Otero, junto a Jurgens, empiezan a inventarse un personaje: la Bella Otero. Se siente cómoda bailando al estilo andaluz y además ve que gusta, así que en su promoción por tierras francesas, enfatiza su origen español y se presenta artísticamente como andaluza de origen gitano con tintes aristocráticos (para darle más misterio y emoción a la diva) ya que promocionan que es hija de una gitana sevillana y un noble griego .
Con este personaje artístico, exótico en las tierras galas de la época, empieza a conseguir fama internacional. Su gira con el espectáculo como bailarina exótica y actriz ya no sólo triunfa en Francia si no que en 1890 actúa en Nueva York y además visita otros países como Argentina, Cuba o Rusia, coincidiendo con el mismísimo Rasputín ( ¿os imagináis la cara del místico ruso viendo los sugerentes bailes de la Otero? 🤭)
Cabe destacar que la Bella Otero fue totalmente autodidacta y sus movimientos eran totalmente intuitivos; porque en realidad nadie le enseñó danza, ni interpretación, ni canto. Sus danzas fueron una mezcla de estilos que ella había visto del flamenco, de los fandangos o de las danzas exóticas, y las acoplaba a su estilo y su creatividad, haciendo destacar y potenciando su belleza y la elegancia de su figura. Y he aquí su gran habilidad e inteligencia.

La poca técnica de su baile no le impidió conseguir algunos de los mayores éxitos de la época. Su destreza y agilidad mental en ver oportunidades la hizo actuar durante muchos años en París. En el famoso cabaret del Folies Bergère, en la capital parisina, consiguió convertirse en la primera estrella de la compañía, y en el Cirque d’Été fue una de las primeras artistas españolas conocida internacionalmente.
En estos años, tuvo la capacidad y actitud de continuar mejorando y su carrera fue madurando, yendo más allá del baile y el cabaret, llegando a convertirse en una cantante y actriz totalmente competente con una gran calidad.
Fue así como fue capaz de representar a la Carmen de Bizet o otras piezas teatrales como Nuit de Nöel.
Sin duda, tuvo la habilidad de hacerse con destacados éxitos profesionales, alcanzando grandes hitos que la convirtieron en una gran artista. Pero estos logros se vieron empañados por su vida personal.
Dada su independencia, su empoderamiento como mujer, por el tipo de vida en el que se desenvolvía, la Otero cosechó infinidad de amantes. A lo largo de su vida fue incapaz de construir una familia sólida y derrochó cantidades ingentes de millones (tantos que el casino le proporcionó una paga vitalicia) posiblemente para mitigar y apaciguar aquellas vicisitudes ocurridas cuando tan solo era una niña, a las que nunca supo sobreponerse.

La bella Otero se convirtió en una de las más famosas y cotizadas cortesanas de la alta sociedad parisina. Fue amante, de entre otros, de Guillermo II de Alemania, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, Eduardo VII del Reino Unido, y los grandes duques Pedro y Nicolás de Rusia. Con el único hombre que mantuvo una relación entrañable que duró hasta la muerte del político, fue con el primer ministro francés Aristide Briand.
Según su propio testimonio con ninguno de ellos sintió nada y nunca llegó a disfrutarlos, padeciendo una silenciosa frigidez sexual y sentimental fruto de su brutal agresión. Parece que lo único con lo que se evadía de todo ese mundo en el que vivía, era el juego y las apuestas. De hecho tuvo serios problemas con la ludopatía, y se sabe que Carolina Otero llegó a reunir una fabulosa fortuna que fue dilapidando en los casinos de Montecarlo y Niza.

Tal era su fama y fascinación que algunos de los mejores artistas del momento la inmortalizaron; desde Toulouse-Lautrec hasta Julio Romero de Torres. Fue portada de infinidad de carteles publicitarios; conscientes, las marcas, del gran tirón de su figura.
Siempre a la vanguardia, Otero también protagonizó algunas de las primeras películas de la historia del cine. Es famoso el pequeño trailer de un minuto en la que la artista fue filmada en San Petersburgo bailando el famoso «Valse Brillante» por un empleado de la compañía Lumiere. La película se proyectó en Rusia y causó una gran controversia, ya que un oficial del ejército del zar apareció en la escena y este acto se consideró impropio para un militar.

En pleno auge, con su fama en la cúspide, todavía joven y en plena madurez artística, en 1910 decidió retirarse y dejar atrás aquella vida y el espectáculo.
No se volvió a saber nada más de ella.
Murió totalmente arruinada y sola en 1965, a la edad de 96 años, en Niza. Vivía simplemente de una pensión que le pasaba el Casino de Montecarlo en agradecimiento por los millones de francos que en él había dejado.
En su pequeño apartamento y con poquísimos recursos, la Otero rememoraba un pasado y una personalidad que inventó, lo más alejado posible a su Galicia natal, embellecido siempre con mentiras y misterios, tal vez para ocultar hechos duros y amargos que le trajo la vida, como su violación a la que nunca se repuso, el repudio de su madre y su pueblo y sus orígenes extremadamente humildes.
Una mujer hábil, inteligente, brillante, capaz de llegar a la cúspide y resplandecer, pero con una herida a su espalda demasiado profunda con la que lidiar.
Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leerme. Te invito a que te continúes quedando por aquí, donde publicación a publicación me gustaría hablarte de mujeres extraordinarias, pioneras y valientes que pusieron su sociedad patas arriba mostrando otra forma de entender la vida.
Y además me gustaría leerte: ¿Conocías la vida de la Bella Otero? ¿Te parece un juguete roto de su época?
¿Te gustaría que hablara de ella en una charla, ponencia, mesa redonda? Contacta conmigo








