Desde sus inicios, ya se intuía que aquella joven poseía una forma de actuar colosal, magnética. Con el paso de los años, no solo se convirtió en una actriz transgresora, capaz de aparecer en bañador sobre un escenario o de interpretar a Hamlet, vestida de hombre, en un teatro de Buenos Aires en 1938, sino que apostó por llevar a escena personajes controvertidos, dotándolos de vida y profundidad.
Además, dio un paso más allá: se atrevió a producir con su propio dinero obras de autores noveles que comenzaban a despuntar y en los que ella supo ver el talento antes que nadie, como un joven Federico García Lorca.
Margarita Xirgu fue una excelente actriz, una gran directora y una visionaria productora teatral que transgredió no solo culturalmente sino también socialmente, llevando a escena personajes y tramas de enjundia social.
LOS ORÍGENES DE MARGARITA XIRGU
De familia pobre y obrera, Margarita Xirgu, la Xirgu (como se acabó conociendo en los círculos teatrales) nació en Molins de Rei, en un pueblecito cercano a Barcelona en 1888 y se crio entre talleres textiles y ateneos obreros barceloneses, ciudad a donde la familia se trasladó cuando ella contaba con ocho años.
Dejó demasiado pronto la escuela pero su universidad popular fueron los teatro de grupos de aficionados, en parte gracias a su padre que pertenecía al Ateneo del Distrito V y del cual aprendió disciplina y maneras en el escenario. Fue él quien le inculcó que la improvisación era muy valiosa, sí, pero siempre sustentada por un guion bien aprendido.
La revelación de Margarita Xirgu llegó pronto, casi de forma fulgurante. El 14 de septiembre de 1906, con tan solo 18 años, se subió al escenario para interpretar Teresa Raquin, adaptación de la novela de Émile Zola, y lo que ocurrió aquella noche marcaría el inicio de una carrera imparable. Al día siguiente, la crítica de La Vanguardia sobre lo que había visto sobre el escenario no dejó lugar a dudas: había nacido una gran actriz.
Semanas más tarde, la Xirgu ya formaba parte de la prestigiosa compañía del Teatro Romea, uno de los epicentros culturales de la Barcelona de la época, debutando como profesional con Mar i cel de Àngel Guimerà, un reconocido y laureado autor catalán, en el papel de Blanca . Lo que para muchas actrices era el techo, para ella solo fue el punto de partida.

DE BARCELONA A MADRID: LA CONSAGRACIÓN DE UNA ACTRIZ MODERNA
Durante sus primeros años, Margarita Xirgu se convirtió en un auténtico fenómeno popular en Cataluña. Su versatilidad le permitió moverse con naturalidad entre géneros muy distintos: desde el vodevil más ligero hasta la tragedia más intensa.
En 1910, con 20 años, formó su propia compañía, y no dudó en estrenar, entre otras, las obras Andrónica y La reina joven en el Teatro Romea, obras nada fáciles de llevar a escena que le llevaron a tener la aprobación y el reconocimiento de críticos y seguidores teatrales.
Pero su ambición artística no se detenía ahí.
En 1912 inicia una nueva etapa en Madrid, donde la crítica la recibe con entusiasmo, definiéndola como una actriz “moderna, personalísima e innovadora”. En la capital, Xirgu amplía su repertorio y se atreve con todo: desde los clásicos del Siglo de Oro hasta dramaturgos contemporáneos que desafiaban las convenciones.
En 1915 estrena El yermo de las almas de Ramón del Valle-Inclán, consolidándose como una intérprete capaz de habitar textos complejos, incómodos y profundamente simbólicos.
Pero si algo definió su carrera fue su valentía a la hora de apostar por lo nuevo.

LA XIRGU DIO VOZ A LO INCÓMODO
Mientras muchos escenarios seguían anclados en propuestas conservadoras, Margarita Xirgu decidió mirar hacia adelante.
Fue una de las primeras en confiar en jóvenes autores que aún no tenían reconocimiento, entre ellos Federico García Lorca, con quien establecería una relación artística fundamental en la historia del teatro español.
En 1927 estrenó en Barcelona Mariana Pineda, una obra que no solo consolidó a Lorca, sino que convirtió a Xirgu en la gran intérprete de su universo dramático. Tanto supo ver el talento en los jóvenes que para esta misma obra decidió que el vestuario fuera creado por un jovencito, en aquel momento, Salvador Dalí.
A través de sus personajes, dio vida a mujeres atravesadas por la represión social, el deseo contenido y las normas asfixiantes de su tiempo. Mujeres que incomodaban. Mujeres que cuestionaban.
Y ahí radica una de sus mayores aportaciones: no solo interpretaba papeles, los convertía en declaraciones.
Según las propias palabras de un artículo de La Xirgu en The New York Times, «La presencia en el escenario de Xirgu era electrizante, según sus biógrafos, aunque a lo largo de su carrera tuvo que enfrentarse a la misoginia y al rechazo por motivaciones políticas».

TRANSGRESIÓN SOBRE EL ESCENARIO… Y FUERA DE ÉL
Hablar de Margarita Xirgu es hablar de ruptura.
En una época en la que el cuerpo femenino estaba profundamente vigilado, se atrevió a aparecer en bañador sobre un escenario. En 1938, en Buenos Aires, fue aún más lejos: interpretó a Hamlet, un personaje históricamente reservado a hombres.
No era provocación gratuita. Era una forma de cuestionar los límites impuestos.
Porque Xirgu no solo revolucionó el teatro desde lo artístico, sino también desde lo social: amplió los márgenes de lo que una mujer podía hacer, representar y decidir.
Además, asumió roles que pocas mujeres ocupaban entonces: dirigió, produjo y gestionó sus propias compañías, arriesgando incluso su patrimonio personal para sacar adelante proyectos en los que creía.
GUERRA, EXILIO Y RESISTENCIA
El estallido de la Guerra Civil española en 1936 marcó un punto de inflexión en su vida.
Ese mismo año, el asesinato de Federico García Lorca en Granada supuso un golpe devastador. Margarita Xirgu, que se encontraba de gira en América, decidió no regresar a España. Ella pudo intuir lo que podía suponer su regreso a una España revuelta, sabiendo todo lo que había hecho en el escenario y consciente de que para muchos era «Margarita, la roja».
Comenzaba así un exilio que ya no tendría retorno.
Se instaló en América Latina, primero en Argentina y posteriormente en Uruguay adoptando finalmente la nacionalidad uruguaya , y donde continuó desarrollando una carrera brillante. Lejos de apagarse, su figura creció aún más, convirtiéndose en un referente del teatro en el ámbito internacional.
En Montevideo, además, desempeñó un papel clave en la formación de nuevas generaciones de actores, dirigiendo la Escuela Municipal de Arte Dramático.

EL LEGADO DE UNA MUJER QUE CAMBIÓ LAS REGLAS
Margarita Xirgu falleció en 1969, en Montevideo, durante una intervención quirúrgica. Tenía 81 años.
Murió lejos de su país, pero con un legado imposible de borrar.
Fue actriz, directora, empresaria.
Fue pionera, transgresora, visionaria.
Fue, sobre todo, una mujer que entendió el teatro como una herramienta de transformación.
Su vida no solo habla de éxito artístico, sino de resistencia, de riesgo y de compromiso con su tiempo.
Porque Xirgu no se limitó a interpretar la realidad.
La cuestionó. La empujó. La cambió.
Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leerme. ¿Crees que sería interesante hablar de Margarita Xirgu en alguna conferencia/charla/mesa redonda que estés organizando? Contacta conmigo. Será un placer aportar.








