la Fornarina

La Fornarina: la mujer que convirtió el cuplé en modernidad

Te sitúo en Madrid, 1884, en una España todavía muy alejada de la modernidad que traerá el nuevo siglo.

En aquella época el cuplé no era todavía ese género que hoy asociamos a las grandes divas de principios del siglo XX. En el momento en que La Fornarina lo empezó a cantar; era un género nuevo, moderno, descarado.

Se caracterizaba por ser una canción breve, muchas veces picante, irónica o insinuante, que hablaba de amores, deseo, celos, mujeres, hombres y situaciones que podían resultar escandalosas para una sociedad todavía profundamente conservadora.

Y ella, lo revolucionó; haciéndose con este nuevo estilo, popularizándolo y convirtiéndolo en uno de los géneros estrella.

Consuelo Vello Cano, La Fornarina.

Nació en Madrid en 1884, hija de un guardia civil y de una lavandera. Antes de convertirse en una de las artistas más famosas de su tiempo, conoció la pobreza y trabajó junto a su madre en los lavaderos del Manzanares.

Nada hacía pensar que aquella niña acabaría actuando ante los públicos más sofisticados de Europa.

Su vida podría haber seguido por aquel camino. Pero Consuelo tenía algo más. Era intrépida y tenía ambición, curiosidad. Y, sobre todo, tenía una extraordinaria capacidad para aprender.

Mucho más que una mujer bonita

La historia de las cupletistas ha quedado demasiadas veces reducida a su belleza, sus vestidos, sus escándalos y sus amores. Algo totalmente injusto; sobre todo con esta mujer.

Porque con La Fornarina también ocurrió.

Es verdad, fue una mujer bellísima. Pero quedarse ahí es no entender absolutamente nada de su éxito. Porque Consuelo comprendió que para triunfar no bastaba con cantar. Había que construir un personaje.

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Había que saber vestirse, moverse, relacionarse, elegir repertorio, interpretar una canción y convertirla en algo propio. Y ella aprendió. Y no fue lo único.

En 1902, aproximadamente, comienza a consolidarse su carrera artística y adopta el nombre con el que pasará a la historia: La Fornarina.

La prensa empieza a hablar de ella. Y también empiezan a hacerlo los públicos.

Estudió idiomas, especialmente francés. Viajó por la Europa de 1900. Se interesó por el arte y la cultura. Fue una lectora voraz y llegó a moverse con soltura en ambientes intelectuales.

Su relación profesional y sentimental con José Juan Cadenas fue importante en su transformación artística. Cadenas, periodista y hombre de gran cultura, contribuyó a ampliar su repertorio y a sofisticar su imagen.

Muchos, al recopilar su historia, han querido reducir a La Fornarina a la mujer que un hombre convirtió en estrella; pero esta sería la segunda injusticia que se cometería con la brillantez de esta gran mujer.

Como ha señalado el musicólogo Enrique Encabo, no se podía hacer una Fornarina de cualquiera. Porque ella tenía unas condiciones únicas. Y fue ella quien supo utilizarlas.

La mujer que entendió el futuro del cuplé

Quizá una de las cosas más interesantes de La Fornarina sea precisamente su capacidad para entender hacia dónde iba aquel género.

En los primeros años del siglo XX, la sociedad estaba cambiando. Los cafés, teatros, cabarets y salones se convirtieron en espacios de encuentro. La prensa ilustrada multiplicaba las imágenes de artistas y celebridades.

La fotografía comenzaba a transformar la manera en que las personas podían hacerse conocidas. Y La Fornarina supo aprovechar ese nuevo mundo.

Entendió que el cuplé estaba cambiando. Y ella también.

Las cupletistas no eran únicamente intérpretes de canciones escritas por otros. En aquella época se hablaba de ellas como “creadoras” de los cuplés que interpretaban.

¿Por qué?

Porque su forma de cantar, de mirar, de vestirse, de insinuar y de interpretar podía transformar completamente una canción. Y por eso, ella elegía cuidadosamente su repertorio, igual que su aspecto, trabajaba sus interpretaciones; a la vez que viajaba y aprendía.

Y comprendía que el público no acudía únicamente a escuchar una canción. Acudía a verla a ella. Era consciente de que la melodía podía venir de canciones inspiradas de Francia o Alemania; la letra podía adaptarse. Y precisamente La Fornarina hacía que aquellas canciones fuese La Fornarina.

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Y ahí estaba su verdadera innovación. No necesitaba inventar el cuplé; solo necesitaba convertirlo en espectáculo: con su propia identidad, su propio personaje. su propia marca.

Hoy puede que esto que te explico te parezca de lo más normal; hoy todos los artistas cuidan su estética, eligen cuidadosamente su repertorio, construyen una personalidad pública y convierten cada actuación en una experiencia.

A comienzos del siglo XX cuidar todos estos aspectos era extraordinariamente moderno e innovador.

Todavía hoy se la recuerda en Madrid aparecer en el escenario tumbada sobre una bandeja y a hombros de dos actores que hacían el papel de esclavos. En aquella posición ‘La Fornarina’ lucía unas mallas ajustadas y con transparencias simulando ir desnuda, lo que propició que se colgara el cartel de ‘No hay billetes’ para sus funciones y le abriera las puertas de grandes teatros en Barcelona, Lisboa o París.

Una mujer con carácter

Y después estaba su carácter.

Porque debes saber que Consuelo Vello no llegó desde la nada hasta los escenarios más importantes de España y Europa simplemente dejándose llevar por las circunstancias.

Ella tomó sus propias decisiones, aprendió, se reinventó.

Y supo defenderse en un mundo en el que las mujeres artistas podían ser admiradas y despreciadas con la misma intensidad.

Su personalidad tenía contradicciones, como todas las personas complejas. Era cercana y amable, pero también tenía fama de tener las ideas claras. Era cosmopolita y amante de la cultura, pero conservaba supersticiones y prejuicios propios de su tiempo.

Y quizá precisamente ahí reside parte de su fascinación. Por sus aristas, por sus imperfecciones, dentro del perfeccionismo.

Fue una mujer intensa, inteligente, contradictoria y extraordinariamente consciente de sí misma. Una mujer que entendió que su vida podía ser algo distinto de aquello que le había tocado en suerte. Y fue a por ello; hasta conseguirlo.

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La Fornarina fue una mujer adelantada a su tiempo

En apenas trece años de carrera consiguió triunfar en España y fuera de ella: París, Portugal, Alemania, Rusia.

Llegó desde un mundo humilde hasta convertirse en una de las grandes estrellas populares de su época. Y lo hizo en un momento en el que una mujer que subía sola a un escenario ya estaba desafiando muchas de las normas sociales que se esperaban de ella.

La Fornarina no fue solamente una cupletista. Fue una mujer que aprendió a manejar su propia imagen, su talento y su libertad. Una mujer que entendió que la modernidad también podía cantarse.

Murió en Madrid, el 17 de julio de 1915, con apenas 31 años.

Habían pasado poco más de trece años desde que comenzara a hacerse realmente conocida. Y en ese tiempo había conseguido convertirse en una de las grandes figuras del cuplé, viajar fuera de España y construir una imagen pública reconocible en buena parte de Europa.

Su muerte llegó en un momento de enorme transformación. Europa estaba inmersa en la Primera Guerra Mundial, iniciada en 1914, y el mundo que había conocido estaba desapareciendo.

Ella tampoco llegó a conocer los grandes cambios culturales que traerían los años veinte: el cine convertido en fenómeno de masas, la radio, el jazz, las nuevas vanguardias y una nueva generación de mujeres que ocuparían el espacio público de maneras diferentes.

Pero había contribuido a abrir ese camino.

Murió demasiado pronto. Tanto que quizá por eso su historia quedó convertida en leyenda. Pero detrás de la leyenda había una mujer real: Consuelo Vello Cano.

Una mujer que empezó en los lavaderos del Manzanares y terminó convertida en una estrella internacional.

Una mujer que no se conformó con ser solo mirada; quiso ser escuchada. Y quizá esa sea la razón por la que, más de un siglo después, seguimos teniendo cosas que aprender de La Fornarina.

Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leerme. La Fornarina es mucho más que las pocas letras que hay en esta publicación; todavía quedan anécdotas, experiencias y vivencias ¿Crees que sería interesante hablar sobre ella en alguna conferencia/charla/mesa redonda que estés organizando? Contacta conmigo. Será un placer aportar.

Marisol Garcia
Marisol Garcia

Divulgadora de mujeres españolas de principio de siglo XX.

Mi labor consiste en rescatar del olvido mujeres extraordinarias, contando sus historias y reivindicando su lugar en la historia. Porque sus voces merecen ser escuchadas y sus logros, reconocidos.

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