Hubo una época en la que no estaba bien visto que las mujeres llevaran el timón de… nada…
ni que una campesina leyera todo lo que cayera entre sus manos y aprendiera,
ni que abandonara a su marido, a pesar de que hubiera una paliza noche tras noche,
ni que se intentara ganar la vida sola, fuera del matrimonio.
Pero hubo una época en que las mujeres se rebelaron contra estas formas, que solo eran apariencias, y en las que ellas eran las que salían más mal paradas.
Una de ellas fue María Domínguez.
Ella leyó y se formó,
Abandonó y denunció a su marido, escribiendo de su propio puño y letra la denuncia.
Se ganó la vida como pudo hasta que se hizo maestra de escuela.
Se rebeló contra la situación que sufrían las mujeres en los pueblos y lo expuso escribiendo artículos en diferentes periódicos o en ponencias a las que la invitaban.
Soñó con poder llevar el timón de su pueblo y consiguió la confianza de sus vecinos.
Y es que María Domínguez era una mujer atípica para su época, con una visión demasiado adelantada para una mujer que vivía en un entorno rural, convirtiéndose demasiado a menudo en la comidilla del pueblo. Pero no le importó, porque se rebelaba contra todas estas injusticias y tenía el convencimiento moral de que así era como debía obrar. Así mismo se lo hizo saber al cura de su pueblo, al que ante una crítica abierta en una de sus homilías, ella le respondió:
«Paciencia, señor cura, paciencia. Dentro de mi ser tengo una voz secreta que me dice lo que debo y lo que no debo hacer. Esta es mi consciencia, esta es mi religión».
Qué carácter gastaba la María.

DEMASIADO CARÁCTER PARA EL ÁMBITO RURAL
Nació en Pozuelo de Aragón, en Zaragoza, en 1882 y era una de esas personas recias, con gran dignidad y ética, y sabedora de que para conseguir lo que se quiere hay que luchar con dureza e integridad. Y ella consiguió llegar muy lejos.
Desde muy jovencita fue consciente de que para conseguir vivir en otra realidad que no fuera la dureza y crueldad del campo, se debía acceder a la educación. Y que aprender, y solo aprendiendo, es como conseguiría vivir en un mundo mejor.
Y así lo hizo, a pesar de que con 8 años tuvo que dejar de ir al colegio para continuar ayudando a sus padres en el campo. Continuó leyendo todo lo que buenamente caía en sus manos y no dejaba de escribir para no olvidar lo poco que había aprendido y acabar de soltarse.
A los 18 años su padre acuerda casarla con un joven del pueblo vecino y de un día para otro se descubre en un «hogar» en el que le caen palos por doquier y humillaciones por parte de un hombre al que apenas conocía. Resistiéndose a vivir esa situación de la que no tenía escapatoria, por más que se quejara a sus vecinos o familiares (no olvidemos que en la época, la suya era una situación que podía considerarse como «normal»), decide escapar y abandonar a su marido.
Intentó irse lo más lejos que pudo. En tren llega a Barcelona donde gracias a unos parientes se pone a servir en una casa. Son años convulsos. Es 1909 y María asiste en primera persona a una Barcelona agitada y reivindicativa, viviendo la Semana Trágica, que sin duda golpea la consciencia de la joven María.
Pero tiene que regresar. Su marido la ha denunciado y está en busca y captura. A su vuelta, las represalias del marido ante semejante acción (abandonarlo e irse era una deshonra para él) son, si cabe, más duras. Pero ella continúa rebelándose. Vuelve a irse de casa, y sabiendo que aunque ponga kilómetros de por medio no le sirve de nada, se queda en el pueblo: separada del marido y trabajando por sí misma, confeccionando medias.
LA FORTUNA POR FIN LE SONRÍE
A pesar de las penurias no cesa de leer, de escribir, de formarse, siempre autodidácticamente. En ese momento no había otra manera. Y le animaba ver que, a pesar de que escribiera artículos desde un pueblo remoto lejos de las grandes ciudades, en los periódicos le publicaban sus opiniones políticas y feministas, donde reivindica el republicanismo, el papel de la mujer en la sociedad, la necesidad de educar a la población, su pacifismo contra la Primera Guerra Mundial o el anticlericalismo.
La gran oportunidad de su vida llega gracias al marido de una amiga, Pedro Rubio. Es 1917 y ha decidido presentarse a las oposiciones para ser maestra. Así que se matricula en Zaragoza, en el turno nocturno, para recibir clases y prepararse para el examen de la Escuela Normal de Magisterio.
Finalmente consigue uno de sus grandes sueños: ayudar en la formación de niños… y sobre todo niñas, siendo maestra.
Todavía le falta un sueño más… ser libre de las ataduras matrimoniales.
Y no habría de tardar mucho. En 1922 muere su marido. Finalmente su estado civil cambia; es viuda.
Su próximo destino será Gallur, un pequeño pueblo de Zaragoza, donde se traslada con su segundo marido, el socialista Arturo Segundo Romanos. Juntos crean la sección local de la UGT, a finales de la dictadura de Primo de Rivera, y María se decide a emprender «carrera política». Con su carácter y su carisma, empieza a adquirir relevancia. Continúa escribiendo en los periódicos e incluso haciendo conferencias donde expone la importancia de una buena educación, de obtener la ley del divorcio, de reivindicar más derechos para las mujeres…
Recopila estos discursos en un libro: Opiniones de mujeres.

Originalmente publicado en 1933 por la editorial Castro de Madrid, «Opiniones de mujeres» reúne cuatro conferencias pronunciadas por María Domínguez entre 1930 y 1931 en varios puntos de la geografía aragonesa. Los títulos de esas conferencias lo dicen todo: «Feminismo», «La mujer en el pasado, en el presente y en el porvenir», «El socialismo y la mujer» y «Costa y la República».
El libro viene acompañado de un extenso prólogo (de más de sesenta páginas) escrito por Hildegart Rodríguez, la famosa niña prodigio de la época: licenciada en Derecho con dieciséis años, la abogada más joven de España, autora de dieciséis libros, activista por la emancipación de la mujer… y ella misma víctima de un destino estremecedor. Hoy es más conocida gracias a la película sobre su vida, La Virgen Roja. Su prólogo a Opiniones de mujeres lo escribió en 1933, apenas unos meses antes de que su propia madre la asesinara mientras dormía.
Que Hildegart eligiera prologar la obra de María Domínguez no fue un gesto menor: era la confluencia de dos mujeres de orígenes radicalmente distintos (una prodigio de las élites intelectuales republicanas, la otra hija autodidacta del campo aragonés) unidas por un mismo objetivo. El prólogo es una buena muestra de un movimiento de mujeres de distintas procedencias que confluían en la lucha por la emancipación femenina en la España republicana.
Es un libro fabuloso donde se refleja con claridad las reivindicaciones femeninas de la época y el contexto rural de la mujer. En él, María Domínguez comenta el papel de la mujer a lo largo de la historia, defendiendo el feminismo, la justicia, el respeto y la república, mientras alienta a las mujeres de su tiempo para que tomen las riendas de sus vidas, rechazando todo tipo de violencia y nos alerta de que la educación y la cultura son las mejores llaves para el desarrollo de una sociedad plural.
María Domínguez, al frente de la alcaldía de Gallur.
María es cada vez más popular, y precisamente esa popularidad es la que la llevará a su perdición y a su trágico final.
Ante una crisis de gobierno municipal en su propio municipio, en Gallur (el ayuntamiento en pleno había dimitido por falta de respaldo vecinal), el gobernador civil de la provincia decide crear una Comisión Gestora y pone a María al frente. El 29 de julio de 1932, María Domínguez Remón fue proclamada alcaldesa del municipio zaragozano de Gallur, siendo la primera alcaldesa durante la Segunda República y con ello la primera alcaldesa de la historia democrática española.

Vale la pena detenerse en lo que hizo en esos pocos meses, porque cada decisión era un acto político en sí mismo: aplicó la legislación laboral de la República, creó bolsas de trabajo rural para reducir los niveles de desempleo, constituyó una escuela unitaria de niños y niñas, y ofreció subvenciones a los maestros para que contrataran a limpiadoras para que los niños no tuvieran que limpiar. Ella misma lo dejó bien claro cuando le preguntaron cómo pensaba gestionar el presupuesto municipal:
«primero que nada, hacer un edificio para escuelas«.
Estuvo al frente de la alcaldía hasta el 6 de febrero de 1933.
PRONTO LE LLEGÓ EL TRÁGICO FINAL
Llega julio de 1936 y María Domínguez es una de las más señaladas.
No se le perdonan sus ideas revolucionarias. Tras el golpe de estado, ella y su marido Arturo Segundo Romanos huyen a Pozuelo de Aragón, el pueblo donde nació María, buscando refugio en casa de su hermana. Poco después fueron detenidos por los golpistas y encarcelados. Arturo fue asesinado en Tabuenca. A María le quedaban días.
Las tropas franquistas la fusilaron el 7 de septiembre de 1936 en los muros del cementerio de Fuendejalón. Tenía 54 años.
Durante décadas, un manto de silencio rodeó su figura. Sus restos permanecieron enterrados sin localizar hasta enero de 2021. En la exhumación encontraron, entre otras cosas, la peineta que llevaba puesta.
Hoy, Gallur le ha dado su nombre al colegio público. Hay una calle suya en Zaragoza y otra en Gallur. Existe una Fundación María Domínguez. Y existe este post, que es también una forma de no olvidar.
Sin duda, María Domínguez es una mujer para ser recordada.
Insólita. Reivindicativa. Silenciada.
Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leerme. ¿Crees que sería interesante hablar de María Dominguez en alguna conferencia/charla/mesa redonda que estés organizando? Contacta conmigo. Será un placer aportar.








